Bardo, el perro

Cuenta la historia que en las afueras de una gran ciudad vivía Bardo, el gran perro blanco de un anciano solitario muy querido por sus vecinos quien no quiso mudarse con sus hijos luego de que muriera su esposa. Bardo era la única compañía constante que tenía el anciano, pues a pesar de que mantenía buenas relaciones con todos los miembros de la comunidad tarde o temprano las personas debían abandonarle para volver a sus hogares y era solo el enorme perro quien se mantenía a su lado.

Bardo y su dueño tenían ya cinco años viviendo juntos, el perro estaba perfectamente entrenado, así que podía estar en todos los lugares donde estuviese su dueño sin causar problemas. Todos en la zona residencial estaban acostumbrados a ver el inseparable par de figuras caminar muy temprano para hacer ejercicios antes de que arreciara el sol.

La rutina de Bardo y su dueño se mantuvo más o menos igual durante muchos años, hasta una noche en la que los vecinos se sobresaltaron al escuchar incesantes ladridos que provenían de la casa del anciano. Los ladridos no pararon durante media hora, y como todos sabían que no era común que el perro ladrase tanto se acercaron a ver qué ocurría. Resulta que el señor mayor había sufrido un infarto mientras se duchaba y no había muerto, pero se encontraba inconsciente junto al perro fiel que ladraba sin parar.

Llevaron al anciano al hospital, donde debido a su condición delicada murió al cabo de una semana. Todos los días, sin moverse de su puesto, el enorme perro esperó en vano ver la figura de su amado dueño salir caminando por la puerta del hospital. Todos los días durante un año Bardo esperó a su dueño hasta que finalmente él también murió. Muchos en aquel barrio recuerdan esta hermosa y conmovedora historia.

Autor: www.historiasdeterror.org.mx

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