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Cuento fantástico la palomita de la patita de cera

Cuento fantástico la palomita de la patita de cera

En Nicaragua a muchas personas que se emocionan al oír un cuento fantástico acerca de una linda paloma blanca que por azares del destino, perdió una de sus patas durante una fuerte tormenta.

Un arcángel que se encontraba cerca de ella, fue testigo del inmenso sufrimiento que experimentó el animal al quedar cojo. Motivo por el cual trató de arreglar la situación.

– No te preocupes palomita. En un santiamén recobrarás tu patita. Mencionó.

Pronunciadas estas palabras, el espíritu del bien como un poco de cera y con el calor de sus manos moldeo una pata idéntica a la que el ave había extraviado. Se la colocó con cuidado y le dijo

– Ahí la tienes, como nueva. Ahora sigue tu camino y olvida los malos recuerdos, ya que sólo envenenan tu alma.

– Gracias, la cuidaré.

Sin embargo, para su mala suerte al día siguiente hizo un día esplendoroso. La palomita cansada de revolotear buscando una sombra, se paró sobre una roca y la cera se derritió.

– ¿Por qué me haces esto roca? Si yo nunca he sido mala contigo.

– Yo no te hice nada palomita. En todo caso si buscas a alguien a quién reclamarle, te sugiero que vayas a hablar con el sol, pues es el encargado de elevar las temperaturas en la tierra.

La paloma hecho volar y cuando estuvo frente al brillante astro solar le dijo:

– ¿Por qué calentarse a la roca? Por culpa de eso, mi patita de cera se derritió y ahora no podré caminar normalmente.

– No tengo la culpa de lo que te ha acontecido. Reclamarle a las nubes, que ellas tienen encomendada la tarea de cubrirme, precisamente para qué el mundo no se caliente tanto.

La paloma fue hablar con las nubes, quienes le mencionaron que desgraciadamente esa mañana no tenían agua, como para alejar al sol. Aparte una de ellas le comentó:

– No hay nadie más poderoso en el universo que Dios, seguro él podrá dar una solución.

Finalmente, la palomita consiguió dar con el Creador, quien asombrado por el relato del ave, inmediatamente le regresó su patita. Sólo que esta vez era de carne y hueso.

Bardo, el perro

Cuenta la historia que en las afueras de una gran ciudad vivía Bardo, el gran perro blanco de un anciano solitario muy querido por sus vecinos quien no quiso mudarse con sus hijos luego de que muriera su esposa. Bardo era la única compañía constante que tenía el anciano, pues a pesar de que mantenía buenas relaciones con todos los miembros de la comunidad tarde o temprano las personas debían abandonarle para volver a sus hogares y era solo el enorme perro quien se mantenía a su lado.

Bardo y su dueño tenían ya cinco años viviendo juntos, el perro estaba perfectamente entrenado, así que podía estar en todos los lugares donde estuviese su dueño sin causar problemas. Todos en la zona residencial estaban acostumbrados a ver el inseparable par de figuras caminar muy temprano para hacer ejercicios antes de que arreciara el sol.

La rutina de Bardo y su dueño se mantuvo más o menos igual durante muchos años, hasta una noche en la que los vecinos se sobresaltaron al escuchar incesantes ladridos que provenían de la casa del anciano. Los ladridos no pararon durante media hora, y como todos sabían que no era común que el perro ladrase tanto se acercaron a ver qué ocurría. Resulta que el señor mayor había sufrido un infarto mientras se duchaba y no había muerto, pero se encontraba inconsciente junto al perro fiel que ladraba sin parar.

Llevaron al anciano al hospital, donde debido a su condición delicada murió al cabo de una semana. Todos los días, sin moverse de su puesto, el enorme perro esperó en vano ver la figura de su amado dueño salir caminando por la puerta del hospital. Todos los días durante un año Bardo esperó a su dueño hasta que finalmente él también murió. Muchos en aquel barrio recuerdan esta hermosa y conmovedora historia.

Cuentos Disney Blancanieves

Cuentos Disney Blancanieves

Pocos imaginaban el éxito que tendría el primer largometraje animado de la historia. Obviamente me refiero al clásico de Blancanieves y los siete enanos, relato llevado a la pantalla por un visionario de Chicago que construyó un imperio con la ayuda de un pequeño ratón de guantes blancos y pantaloncillos de color rojo. Este es uno de mis cuentos Disney favoritos y enseguida te explico por qué.

El material literario que se tomó como base fue la obra escrita por los hermanos Grimm. Por supuesto, Walt le hizo unos pequeños cambios con el fin de convertirlo en una obra cinematográfica que pudiera ser disfrutada tanto por los padres de familia como por sus hijos. Sobra decir que Blancanieves y los siete enanos es uno de los cuentos Disney más amados por generaciones.

El primer acto sucede de manera similar en ambas versiones, es decir, la madrastra de Blancanieves vive obsesionada con el tema de la belleza y al enterarse de que su hijastra es la más hermosa de todo el reino, no duda ni por un segundo en quitarla del camino.

Para cumplir su objetivo, manda llamar a uno de sus vasallos y le encarga que asesine a la chica mientras la lleva de paseo al bosque. En un primer momento, el hombre acepta las órdenes de la reina, pero cuando está a punto de matar a Blancanieves recapacita y le da a la joven la oportunidad de refugiarse en el bosque.

Luego de recorrer un largo trecho, la chica llega a la cabaña de los siete enanos, quienes la terminan aceptando y protegiendo.

Por su parte la reina se entera de que sus deseos no fueron cumplidos, con lo que decide «arreglar las cosas por sí misma».

En esta sección del cuento Disney encontramos una diferencia con respecto al relato de los hermanos Grimm, pues en ese texto la reina trata de envenenarla tres veces, siendo la última en donde por fin consigue su propósito con la famosísima manzana envenenada.

El otro cambio importante se da al final, ya que en el cuento original no se menciona para nada al «beso de amor» como antídoto del hechizo.

Si aún no la has visto, corre a tu videoclub más cercano o a tu proveedor de películas en línea. No te arrepentirás.


El expendio de rosquillas

El expendio de rosquillas

Uriel había puesto todo su esfuerzo en un negocio de donas para convertirlo en el más importante del rumbo. La fila que se formaba cada mañana en su puerta antes de que diera la hora de apertura, era tan grande que fácilmente le daba toda la vuelta a la manzana.

El procedimiento para elaborar los productos invariablemente seguía la misma metodología. Primero Uriel pesaba y medía cada uno de los ingredientes hasta que estuvieran de acuerdo a lo que marcaba la receta, poco después procedía a hacer la masa y dejaba las rosquillas levar hasta que estas alcanzaban la altura correcta.

Aunque tenía personal que le ayudaba, no permitía que nadie entrara la cocina, mientras las donas estuvieran cocinándose, pues tenía la idea de que si algo extraño interfería con el procedimiento de producción, los alimentos perderían calidad.

Sin embargo, un día su celular sonó y tuvo que dejar de encargado a Ramón, quien se desempeñaba como lavaplatos.

– Escúchame bien por favor. No tienes que hacer nada del otro mundo más que cuidar 15 minutos estas rosquillas hasta que se doren y después darles la vuelta y esperar el mismo lapso de tiempo. ¿Quedó claro? Espero regresar en menos de dos horas.

– Sí patrón, no hay ningún problema.

Apenas Uriel dejó el negocio, Ramón volvió a la bodega pues había dejado encendida la radio y no quería perderse su programa favorito.

Alrededor de 45 minutos después, oyó la que le pareció ser nada más y nada menos que la voz de su jefe diciéndole: «No puede ser que ni siquiera hayas podido seguir una orden tan sencilla como la de vigilar las donas».

Inmediatamente salió de donde estaba y fue a la cocina, sólo para encontrar un escenario perteneciente a una leyenda de terror.

Las paredes del lugar estaban ahumadas, pero eso no fue lo peor, ya que dentro de una de las freidoras yacía el cuerpo achicharrado de su patrón.