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Bloody Mary

Si sueles leer leyendas cortas de terror seguramente habrás escuchado hablar de historia de Bloody Mary e habrás intentado llamarla o convocarla para probar si es real o simplemente están intentando asustarte. Aunque como es una leyenda simplemente no hay como probar si realmente sucedió lo que se cuenta por las calles.

Bloody Mary

 

 

 

 

Se dice que Bloody Mary, es una chica de que estaba enferma y llego a morir. Su familia la enterró pero por esos años se solía enterrar a los muertos con una acuerda que daba a la superficie y estaba conectada a una campana. Aunque supuestamente Mary no había fallecido del todo resulta que ella despierta y toca la campana pero nadie la escucha. Al día siguiente sus familiares encuentran la campana caída, desentierran a Mary y se dan con la sorpresa que ella tenía las uñas rotas y ensangrentadas como si hubiera intentado liberarse. Antes de morir Mary echo una maldición y ahora todos lo que se encuentren frente a un espejo y llamen a su nombre tres veces escucharán el sonido de una campana y morirán ensangrentados.

Como todas las leyendas de terror cortas se dice que se han conocido casos reales del mismo pero no hay ninguna sustentación de ello. También se cuenta que hay personas que han logrado escapar del asesinato cuando la han convocado pero que su vida ha sido todo un calvario ya que están condenados a sucesos tenebrosos y trágicos. Al igual que también se dice que hay personas que han escapado y no les ha pasado nada sin embargo personas cercanas a ellos les pasaban cosas extrañas siendo así que a los otros cumplían la maldición que él convoco. Es así que Bloody Mary siempre lograba su cometido de maldición el matar a todas las personas que la llamaban cuando ella era convocada.

Leyenda de la secundaria Hidalgo

Leyenda de la secundaria Hidalgo

Muchos son los planteles de educación básica cuyos muros están llenos de leyendas y mitos. Ojo, no lo digo en el sentido metafórico sino en hechos que han podido ser comprobados con el transcurso de los años.

Sin ir más lejos, me gustaría platicarles el día de hoy una de las leyendas de la secundaria Hidalgo. Se dice que durante la década de los años 60 asistía a ese recinto de instrucción académica, un estudiante de nombre Anselmo.

Su apariencia era lo que ahora podríamos denominar como «Nerd», es decir, peinaba su cabello hacia atrás y lo fijaba en su sitio con la ayuda de jugo de limón. Tenía unos grandes espejuelos que le tapaban hasta la mitad de los pómulos.

Lo que más le gustaba hacer era llegar temprano a su salón de clases y esperar a que el profesor empezara a impartir la sesión del día. En los recesos no salía a comer el almuerzo, sino que se quedaba sentado en su banca leyendo un libro.

Infelizmente al regresar del receso decembrino, la salud de Anselmo había cambiado radicalmente. Nunca fue uno de los alumnos más populares de la escuela, sin embargo, todos se dieron cuenta de que aquel niño estaba gravemente enfermo.

Algunos de sus camaradas se acercaban a preguntarle qué era lo que le estaba sucediendo a lo que él se limitaba a decir:

– Me duele un poco la cabeza, pero eso es todo. Ya verán como mañana estaré bien.

Las jaquecas de Anselmo continuaron y cada vez el dolor se hacía más agudo. Inclusive hubo ocasiones en que los profesores tuvieron que sacarlo del salón debido a los fuertes gritos que emanaban de su boca.

Súbitamente dejó de asistir a clases y a fin de cursos el director del plantel anunció en un acto solemne el fallecimiento de aquel estudiante. Desde el siguiente año escolar, algo muy extraño pasó en ese salón, los alumnos que se sentaban en la banca que alguna vez le perteneció Anselmo, sentían la presencia de alguien que los movía o inclusive les des acomodaba sus cosas de la mochila.

La banca fue retirada y llevada a otro sitio, no obstante, siempre aparecía en el mismo lugar. Por ello, optaron por dejarla vacía, ya que varios padres de familia estuvieron de acuerdo en que la presencia de Anselmo continuaría allí por siempre.

Leyenda corta de las ollas de barro

Leyenda corta de las ollas de barro

La época decembrina, al menos en nuestro país, se utiliza para recordar esas leyendas cortas mexicanas que te gustaban de niño. En esta ocasión les quiero compartir la historia de don Federico, un hombre que se dedicaba a elaborar piñatas.

Las piñatas son grandes recipientes que se rellenan con dulces, frutas y demás colaciones. Según se cuenta en las leyendas cortas mexicanas, su propósito es destruir de manera simbólica a los siete pecados capitales.

En fin, a Federico le preocupaba entregarles a sus clientes productos de calidad, motivo por el cual sus piñatas eran confeccionadas solamente con ollas de barro y no de periódico como lo hacían sus competidores. Era un trabajo extenuante pero sus compradores quedaban fascinados con su labor.

Sin embargo, uno de sus enemigos entró una noche a la bodega donde don Federico guardaba celosamente sus materiales y sin miramientos rompió con un martillo todas las ollas de barro y roció los demás productos con gasolina para finalmente prenderle fuego al lugar.

Al día siguiente Federico dijo:

– ¡Qué voy hacer ahora! Todos los ahorros que tenía los invertí en mercancía para la época navideña. No tengo cómo recuperar ese dinero y más aún que les voy a decir a mis clientes.

Se arrodilló en una fría noche de diciembre y le pidió con el mayor de los fervores a una estrella fugaz que le ayudara a idear la manera de cómo salir adelante.

Raro pero esa noche al poner su cabeza sobre la almohada se quedó profundamente dormido hasta que los rayos del sol lograron despertarlo. Antes de desayunar, fue a su bodega para revisar si algo se podía rescatar.

Entró al local chamuscado y lo primero que observó fue que el sitio estaba lleno de papeles de china multicolores, pegamento, ollas de barro etcétera.

– ¡Es un milagro! Gritó desaforadamente.

– No Federico, yo te traje esto pues soy el responsable de que tus cosas se hayan quemado.

El hombre volteo hacia atrás y notó que quien le hablaba era su enemigo quien entre sollozos le confesó sus malas acciones.

– Te pido perdón. Y si quieres llama a la policía. Lo siento pero es que los celos me cegaron.

– No tengo que perdonarte. Quizás yo hubiera hecho lo mismo si me encontrara en tu posición. ¿Por qué no dejamos de ser enemigos y nos ponemos a trabajar juntos?

– Me parece estupendo Federico.

A partir de ahí los dos hombres se convirtieron en los mejores amigos.

Un año nuevo trágico

Un año nuevo trágico

Una familia muy acomodada de cierto pueblo estaba preparándose para recibir el año nuevo el 31 de diciembre a la noche en el patio de la casa de Manuel, quien había conseguido cosechar millones de dólares gracias a su participación en las principales bolsas bursátiles.

Minutos antes de llegar a las 0:00, todos los integrantes de la familia se encontraban buscando a Manuel, a quien no se lo veía hace horas en esta celebración. Pasó año nuevo y no lograron encontrarlo, hasta que escucharon los gritos de los hijos de Manuel en el patio trasero, por lo que cuando llegaron todos allí se dieron con que Manuel se encontraba colgado de un árbol ya sin vida.

Pasadas semanas del hecho trágico que marco las vidas de los familiares cercanos de Manuel, una mujer llamó a la puerta de la casa en donde había fallecido hace días esa persona. Un hijo de Manuel abrió la puerta y se encontró con una mujer con un aspecto muy desagradable y con mal aliento, quien le arrojó unas cartas en su cara y unas flores secas, gritando a su vez: «Manuel murió por traicionarme, por lo que ahora también todos ustedes están malditos». Y luego de eso la mujer se fue caminando y riéndose. En un principio los familiares de Manuel no le dieron importancia a esta mujer, aunque luego comenzaron a darse cuenta que era verdad lo que había dicho.

Cada 31 de diciembre los familiares de Manuel aparecían colgados o simplemente muertos en la casa de Manuel o en donde se encontrasen en el momento justo llegado a fin de año. Cada año moría un nuevo integrante de la familia, hasta que no quedó ningún integrante.

Esta es una de las leyendas de terror que más acostumbran a contarse en un poblado cercano a Detroit, Estados Unidos, en donde vivía Manuel.