Leyenda de la secundaria Hidalgo

Leyenda de la secundaria Hidalgo

Muchos son los planteles de educación básica cuyos muros están llenos de leyendas y mitos. Ojo, no lo digo en el sentido metafórico sino en hechos que han podido ser comprobados con el transcurso de los años.

Sin ir más lejos, me gustaría platicarles el día de hoy una de las leyendas de la secundaria Hidalgo. Se dice que durante la década de los años 60 asistía a ese recinto de instrucción académica, un estudiante de nombre Anselmo.

Su apariencia era lo que ahora podríamos denominar como “Nerd”, es decir, peinaba su cabello hacia atrás y lo fijaba en su sitio con la ayuda de jugo de limón. Tenía unos grandes espejuelos que le tapaban hasta la mitad de los pómulos.

Lo que más le gustaba hacer era llegar temprano a su salón de clases y esperar a que el profesor empezara a impartir la sesión del día. En los recesos no salía a comer el almuerzo, sino que se quedaba sentado en su banca leyendo un libro.

Infelizmente al regresar del receso decembrino, la salud de Anselmo había cambiado radicalmente. Nunca fue uno de los alumnos más populares de la escuela, sin embargo, todos se dieron cuenta de que aquel niño estaba gravemente enfermo.

Algunos de sus camaradas se acercaban a preguntarle qué era lo que le estaba sucediendo a lo que él se limitaba a decir:

– Me duele un poco la cabeza, pero eso es todo. Ya verán como mañana estaré bien.

Las jaquecas de Anselmo continuaron y cada vez el dolor se hacía más agudo. Inclusive hubo ocasiones en que los profesores tuvieron que sacarlo del salón debido a los fuertes gritos que emanaban de su boca.

Súbitamente dejó de asistir a clases y a fin de cursos el director del plantel anunció en un acto solemne el fallecimiento de aquel estudiante. Desde el siguiente año escolar, algo muy extraño pasó en ese salón, los alumnos que se sentaban en la banca que alguna vez le perteneció Anselmo, sentían la presencia de alguien que los movía o inclusive les des acomodaba sus cosas de la mochila.

La banca fue retirada y llevada a otro sitio, no obstante, siempre aparecía en el mismo lugar. Por ello, optaron por dejarla vacía, ya que varios padres de familia estuvieron de acuerdo en que la presencia de Anselmo continuaría allí por siempre.

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